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GUERRA CIVIL ESPAÑOLA: REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN EN EL BANDO REPUBLICANO

Viernes, Julio 15th, 2016

cnt fai 1936 anarquistas

Fuente: https://codigobronstein.wordpress.com/2016/07/06/guerra-civil-espanola-revolucion-y-contrarrevolucion-en-el-bando-republicano/

Se está conmemorado este año el 80 aniversario de la Guerra Civil Española. Pero parece que casi todas las lecturas que hacen obvian que en 1936 en España también hubo una Revolución. Este texto trata de este acontecimiento revolucionario y su reverso contrarrevolucionario en la “zona republicana” y está dividido en dos partes, la del alza de la Revolución (Julio 1936 – Mayo 1937) y la del ascenso de la Contrarrevolución (Junio 1937 – Abril 1939). Este texto analiza el posicionamiento de los distintos actores y organizaciones ante los hechos acaecidos en estos periodos.
1ª Parte: Hace 80 años también hubo una REVOLUCIÓN (Julio 1936 – Mayo 1937)
El golpe militar del 18 de Julio de 1936 desencadenó la revolución obrera que había querido prevenir. El alzamiento de los franquistas fue la gota que colmó el vaso de la miseria social de la clase obrera.

El golpe de las derechas sólo triunfó en una parte de España, que sería llamada durante la guerra la zona nacional o franquista. En el resto de España, al armarse la clase obrera, dejó de existir también la legalidad vigente, la República burguesa. La Revolución del 19 de Julio, el acto más democrático de las masas obreras, hizo estallar el régimen capitalista republicano. La mayoría de la policía, el ejército, los patronos y terratenientes habían dejado las zonas donde el alzamiento militar no había triunfado.

La Revolución fue obra mayoritariamente de anarcosindicalistas y de socialistas de izquierdas mediante las colectivizaciones realizadas por sus respectivos sindicatos, la CNT y la UGT, en el campo y la ciudad. Estas colectivizaciones económicas abarcaron el 75% del territorio de la zona “de las izquierdas” (o zona republicana como lo llaman la mayoría de historiadores).

En esta zona, de Julio a Septiembre de 1936 el poder estaba en los comités-gobierno a nivel local. El poder republicano existía sólo nominalmente. Hubo una atomización del poder.
Tras el 19 de Julio el futuro dependía de la confrontación entre la revolución obrera triunfante y la voluntad de la burguesía republicana y los estalinistas de reconstruir el estado burgués, es decir de volver a la situación de antes del 19 de Juio. Fue, por tanto, una lucha entre revolución y contrarrevolución.

Podemos dividir a grandes rasgos las formaciones políticas existentes en la zona “republicana” en 2 alineamientos: el primero es el bloque que defendía la reconstrucción de la república burguesa constituido por los republicanos de Azaña, los socialistas de derecha (la derecha del PSOE de Prieto y Besteiro) y los estalinistas (el PCE).
El segundo es el bloque revolucionario formado por los anarquistas de la CNT-FAI, los socialistas de izquierda (el ala revolucionario del PSOE de Largo Caballero y la UGT), y los marxistas antiestalinistas del POUM.
Veremos cómo este segundo bloque realizó una revolución inacabada por diferentes razones. Saint Just dijo una vez “quien hace revoluciones a medias cavan su propia tumba”.

Situación de doble poder
Desde julio de 1936 a mayo de 1937 hubo en la zona “republicana” una situación de doble poder que no se decantó finalmente hacia el triunfo de la revolución. Faltó coordinar los comites-gobiernos locales y las colectivizaciones en un estado obrero, y las milicias obreras en un “ejército rojo” obrero. Además el bloque formalmente revolucionario erró al no poner todos sus esfuerzos en destruir los pedazos que quedaban de la República capitalista, que finalmente acabaron reconstruyéndose gracias a la acción política del bloque republicano-estalinista.
El intento más aproximado de afianzar un poder revolucionario por encima del atomizado poder local fue el Comité Central de milicias Antifascistas, que finalmente cedió ante la Generalitat.

Las colectivizaciones fueron un gran paso, pero los que no creemos en el socialismo en un solo país, tampoco podemos creer en el socialismo en un solo pueblo. No bastaba con colectivizar los bienes sociales (tierra, fábricas,…) Faltaba una política de conjunto, de dirección de la economía, es decir, un estado obrero que sustituyese a la República burguesa y planificase la economía y centralizase las economías desperdigadas, las colectivizaciones. La Revolución fue una tarea incompleta.
En algunos pueblos el dinero desapareció pero a nivel estatal el Banco Central, el crédito y el comercio exterior subsistían.

Es significativo el papel que tuvo la URSS en la Guerra Civil Española. Mientras Italia y Alemania intervinieron de parte de la zona nacional o franquista el 24 y 25 de Julio, es decir 5 días después del inicio de la Guerra, la URSS sólo intervino en octubre, 3 meses después, cuando se daban ya los pasos hacia la reconstrucción del poder burgués y se aplastaba en la zona republicana (o de las izquierdas) la revolución obrera.
La URSS condicionó su intervención al aplastamiento de la revolución, de la que fue su principal verdugo en el seno de la zona republicana. Su misión era frenar la revolución para demostrar a Francia e Inglaterra que eran defensores de la propiedad y la legalidad de la república burguesa. Un dato a tener en cuenta es que la URSS sólo daba armas a las milicias que se reconvertían en Ejército Popular, al servicio de los que quería reconstruir el poder burgués.

En septiembre Largo Caballero, una de las cabezas del bloque formalmente revolucionario, fue utilizado por el bloque republicano-estalinista para salvar el estado burgués y acabar con el 2º poder. Todavía no estaba tan madura la ofensiva por parte del alineamiento burgués-estalinista como para que pudieran situarse ellos en el poder directamente. Facilitaron el ascenso de Largo Caballero a Presidente del Gobierno para llevar a cabo sus planes. Caballero era bien visto por los obreros, su gobierno incluyó a ministros incluso de la CNT, y era llamado el “Lenin español”. Fue útil para parar la revolución pero era un obstáculo para aplastarla definitivamente.

Desenlace: las Jornadas de Mayo
Sólo se podía ganar la guerra consolidando la revolución, por eso la clase obrera se oponía a la restauración de la república capitalista y a la utilización de Largo Caballero. Las bases de la CNT y del POUM dieron respuestas a las medidas del bloque burgués-estalinista. Esta oposición se manifestó abiertamente en las Jornadas de Mayo del 37 en Barcelona. La tensión acumulada entre la revolución y la contrarrevolución estalló con el incidente de la Central de la Telefónica. Los estalinistas quisieron tomar la central, en posesión de un comité de la clase obrera barcelonesa (CNT-UGT). La clase obrera tomó las calles, la revolución parecía imponerse. Pero la dirección de la CNT llamó a la retirada y la ejecutiva del POUM se plegó a esta decisión.
Las Jornadas de Mayo de 1937 concluyeron en la consolidación definitiva del estado republicano. La contrarrevolución del bloque burgués-estalinista había vencido a la Revolución.

Los estalinistas del PCE querían dar la puntilla. Pidieron en el gobierno la ilegalización del POUM, el partido con una política más honesta y revolucionaria. Largo Caballero se negó y los ministros de la CNT le apoyaron. Pero la correlación de fuerzas había cambiado y los estalinistas, con el apoyo de los socialistas de derecha y republicanos se impusieron. Largo Caballero tuvo que dimitir.
El asesinato de Andreu Nin y el proceso contra el POUM fueron la guinda de la contrarrevolución.

Falsos debates
Hay muchos falsos debates en torno a la Guerra Civil Española. Uno es la contraposición que se quiere estableces entre el Ejército Popular (que el poder burgués construyó mientras él mismo se estaba reconstruyendo) y las milicias obreras. El debate no está en si el mando único de un ejército es superior a la dispersión de las milicias, que por supuesto lo es. El problema es a quién defiende ese Ejército y la cuestión del Estado. ¿Ese Ejército Popular defendía a la revolución en curso desde Julio del 36 o a la reconstrucción del estado burgués que estaba teniendo lugar? Obviamente defendía lo segundo.

Otro falso debate es contraponer la prioridad de la guerra frente a la revolución, como postulaban el bloque burgués-estalinista, a la simultaneidad de la guerra y la revolución, tesis del bloque revolucionario de cenetistas, socialistas de izquierdas y poumistas. La solución es la tesis de la Guerra revolucionaria de un ejército rojo centralizado que defendiese las conquistas del 19 de julio, única forma en la que la clase obrera estaría motivada para luchar contra los nacionales. Los obreros del campo y la ciudad luchaban contra los franquistas en defensa de una vida digna sin opresión, y no por volver a un régimen burgués, democrático pero igual de capitalista que el autoritario que impondrían los nacionales.

El último debate falso que quiero mencionar es el de si el Frente Popular era la táctica del frente único. Más bien el Frente Popular es una alianza entre los partidos obreros y los partidos burgueses “de izquierdas”. Al contrario de las Alianzas Obreras formadas en 1934, el Frente Popular no preservaba la independencia de clase de la clase obrera, algo esencial en un periodo revolucionario como el de los años 30 en España. El Frente Popular supeditó a la clase obrera a una parte de la burguesía creyendo poder derrotar así al fascismo sin un programa revolucionario que acabase con el mar de injusticias asfixiantes que imperaban en aquellos años sobre la clase obrera de las ciudades y el campo. El programa del Frente Popular era democrático-burgués y con él cortó las alas a la unidad e independencia de las organizaciones obrera. Y lo peor es que arrastró finalmente al bloque revolucionario hacia la política del bloque burgués-estalinista, dejando una revolución a medias y causando su muerte.

Lenin propuso originalmente la idea de un frente único como un frente unido para la acción entre los partidos obreros (socialistas y comunistas) contra los partidos burgueses. Fueron los mencheviques, no los bolcheviques, quienes abogaban por un frente “democrático” entre los partidos obreros y los partidos de la supuesta burguesía progresista y liberal, una política que Lenin denunció con vehemencia. Por lo tanto, el estalinismo del PCE en la España de 1936, siguiendo las directrices de la ya estalinizada Comintern en su VII Congreso, llevó la política del menchevismo de 1917, la opuesta al Bolchevismo. La línea de los Frentes únicos fue defendida por Lenin y Trotsky en el III y IV Congreso de la Comintern.

La razón de por qué fueron los estalinistas del PCE los grandes defensores del Frente Popular está en la orientación de la Internacional Comunista, estalinizada ya totalmente en los años 30, hacia las “democracias capitalistas” y en los pactos de coexistencia pacífica de Stalin con ellas. Stalin utilizó a los Partidos Comunistas para ahogar revoluciones en países capitalistas y dar signos claros a Francia e Inglaterra de que los Partidos comunistas eran los mayores defensores de la Democracia burguesa.

2ª parte: … y hace 80 años también hubo una CONTRARREVOLUCIÓN (Junio 1937 – Abril 1939)

En la primera parte de este artículo, el cual es recomendable leer antes de empezar con esta segunda, vimos cómo en la Guerra Civil española dentro de la zona antifranquista el bloque burgués-estalinista (compuesto por los estalinistas del PCE, los socialistas de derecha de Prieto y Besteiro y los republicanos de Azaña) consiguieron parar la revolución que el bloque revolucionario (de los anarquistas de la CNT, los socialistas de izquierda del sector caballerista del PSOE y los marxistas antiestalinistas del POUM) no pudieron o no supieron acabar.
Concluía aquí el periodo de auge revolucionario que se extendió desde el 19 de Julio de 1936 hasta Mayo de 1937.

A partir de Junio de 1937 en la zona “republicana” la contrarrevolución del bloque burgués-estalinista se impuso definitivamente. La liquidación de la revolución condujo en última instancia a la pérdida de la guerra frente a las tropas nacionales o franquistas.

El Gobierno Negrín-Stalin fue el gobierno de la contrarrevolución que acabó con la situación de doble poder que imperaba hasta mayo del 37, fue el resultado de la derrota de la clase obrera en las Jornadas de mayo.
Negrín fue el hombre de consenso entre socialista de derecha, republicanos y estalinistas. Defendió los intereses internacionales de la URSS y Francia e Inglaterra contra la revolución obrera, como correlato a los intereses locales del PCE y los de Prieto y Azaña respectivamente. Negrín había sido meses antes el ministro de Hacienda que envió el oro de las reservas españolas a Moscú.
Su objetivo era consolidar el estado capitalista republicano que había hecho añicos la revolución del 19 de Julio.

El Gobierno Negrín-Stalin y la represión de la revolución
Para aplastar definitivamente la revolución el Gobierno Negrin-Stalin se sirvió de la represión. Ejemplos de ella fueron el asesinato de los poumistas Andreu Nin y Kurt Landau, de anarquistas como Bernini y de los trotskistas Moulin y Wolf. El POUM, el partido con un programa más revolucionario, fue sometido a un proceso de ilegalización similar a los que Stalin estaba llevando a cabo en Moscú en aquellos años contra la vieja guardia bolchevique que había hecho la revolución de octubre de 1917.

El Servicio de Investigación Militar, el Ejército y la policía estaban en manos del PCE y los técnicos y consejeros enviados desde la URSS. Éstos eran los resortes de la represión junto a la NKVD o GPU, policía política estalinista enviada desde Moscú. En las cárceles de la zona republicana había casi más revolucionarios que fascistas. La actividad de las checas extraoficiales de los estalinistas contribuyó a ello.

A pesar de toda esta situación adversa el bloque formalmente revolucionario todavía podría haber resucitado la revolución si los socialistas de izquierda del sector de Largo Caballero del PSOE y los anarquistas de la CNT-FAI hubiesen tenido una orientación clara y decididamente revolucionaria. El POUM, ya ilegal, no era lo suficientemente grande y sólo contaba con unos miles de militantes.

Había otros grupos revolucionarios con una orientación correcta pero con una incidencia insuficiente, como los Amigos de Durruti (de Jaume Balius), los 2 grupos trotsquistas, el Grupo Bolchevique Leninista-Le Soviet (de G. Munis) y la Sección Bolchevique Leninista de España (de Fosco) o los bordiguistas de la fracción italiana de la Izquierda Comunista. Nada pudieron hacer estos pequeños grupos revolucionarios para que el bloque revolucionario tomara de nuevo la iniciativa.

El Programa del Gobierno Negrín-Stalin
La base del Gobierno Negrín-Stalin era el “Programa de los 13 puntos” que acabó con los comités-gobierno potenciando el estado burgués republicano, especialmente cruel fue la disolución del Consejo de Aragón a manos de las tropas del estalinista Líster.

Este gobierno acabó también con las milicias obreras potenciando el Ejército Popular burgués, las armas que enviaba la URSS no sólo eran destinadas a combatir al ejército franquista sino que también fueron utilizada contra estas milicias revolucionarias del campo republicano.

Y acabó con las colectivizaciones, es decir, Negrín expropió a la clase obrera entregando las tierras y fábricas a sus antiguos propietarios, burgueses y terratenientes. En suma, el objetivo de Negrín era hacer retroceder la revolución obrera que en el campo y la ciudad había tenido lugar desde el 19 de julio del 36.

Con el gobierno Negrín-Stalin se dio un vuelco a la concepción de la guerra. Dejó de ser una guerra de clases entre la revolución y la contrarrevolución para pasar a ser una guerra entre dos formas de Capitalismo amparados por dos 2 ejes internacionales, el de Berlín-Roma por un lado, y el de Londres-París-Moscú por el otro. La guerra fue considerada desde entonces una guerra de “independencia nacional”, de unión de todas las clases, contra el enemigo invasor, Italia y Alemania.

Golpe de Estado de Casado-Miaja-Besterio de marzo de 1939
Para entender la recta final de lo que acontece en la zona republicana hay que tener en cuenta el contexto internacional.
El periodo que se extiende desde el último trimestre de 1938 hasta el fin de la guerra en abril de 1939 viene determinado por 2 pactos, el pacto de Munich de septiembre del 38 y las consecuencias de éste hacia el giro que supondrá el pacto secreto Hitler-Stalin.

El Pacto de Munich entre Alemania-Italia y Francia-Inglaterra se hizo necesario tras la crisis germano-checa para asegurar una paz internacional que, por ahora, convenía a todos. Una de las prendas de este pacto fue España. Francia e Inglaterra reconocen a Franco y apuestan por una capitulación de la República. El objetivo es la búsqueda de un acuerdo con Franco a costa de la derrota republicana.

En el lapso de tiempo de estos meses que trascurrirán entre el Pacto de Munich y el de Hitler-Stalin se produce como consecuencia el momentáneo desencuentro de la alianza de Francia-Inglaterra con la URSS, cuyo correlato en España fue la ruptura momentánea en el seno del bloque burgués-estalinista de los socialistas de derecha y los republicanos con los estalinistas del PCE.

El resultado de este desencuentro fue el Golpe de Estado de Casado-Miaja-Besteiro (con colaboración del sector del anarquismo de Cipriano Mera) para forzar una paz con Franco sin contar con el PCE. Esta capitulación tenía por objetivo la búsqueda de un armisticio.

Unos meses después, se daban los pasos para el Pacto secreto Hitler-Stalin, directamente determinado por el movimiento de Francia e Inglaterra en el Pacto de Munich. Nuevamente una de las prendas fue España: la URSS reconoce también a Franco y es partidaria de forzar la capitulación. Es en estos momentos cuando la URSS deja de enviar armas a la República. Y es entonces cuando se reencuentran las posiciones dentro del bloque burgués-estalinista entre estalinistas y republicanos y socialistas de derecha.

Tras el Pacto secreto Hitler-Stalin los dirigentes del PCE, por orden de Stalin, no hablaban ya contra la Junta de Casado. La URSS dejó a su suerte a la República capitalista, a la que tanto esfuerzo había dedicado para evitar una revolución que estorbaba a sus intereses internacionales. Las bases comunistas, ignorantes del pacto secreto de sus dirigentes, se opusieron, ya sin remedio, a la Junta de Casado a unos días de que las tropas de Franco penetraran en Madrid.

La revolución fue traicionada, la república fue vendida y la guerra perdida definitivamente. Franco, negándose a negociar con Casado una derrota pactada, aplastó lo que quedaba de la zona de las izquierdas e impuso su cruel dictadura que duraría 40 años.

Presentación del trabajo histórico de Agustín Guillamón en BANDERA NEGRA de Madrid (27 de abril de 2013)

Miércoles, Mayo 1st, 2013

http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/24500

Investigar, divulgar y profundizar en el conocimiento de la historia de las revoluciones, negando las mentiras, deformaciones y difamaciones escupidas por la Historia Sagrada burguesa, desvelando la auténtica historia de la lucha de clases , escrita desde el punto de vista del proletariado, es ya, en si mismo, un combate por la historia.

El combate de los trabajadores por conocer su propia historia es un combate, entre otros muchos más, de la guerra de clases en curso. No es puramente teórico, ni abstracto o banal, porque forma parte de la propia conciencia de clase, y se define como teorización de las experiencias históricas del proletariado internacional, y en España debe comprender, asimilar y apropiarse, inexcusablemente, las experiencias del movimiento anarcosindicalista en los años treinta.

La Historia Sagrada de la burguesía tiene por misión mitificar los nacionalismos, la democracia liberal, y la economía capitalista, para convencernos de que son eternos, inmutables e inamovibles. Un presente perpetuo, complaciente y acrítico banaliza el pasado y destruye la conciencia histórica.

El proletariado es arrojado a la lucha de clases por su propia naturaleza de clase asalariada y explotada, sin necesidad que nadie le enseñe nada; lucha porque necesita sobrevivir. Cuando el proletariado se constituye en clase revolucionaria consciente, enfrentada al partido del capital, necesita asimilar las experiencias de la lucha de clases, apoyarse en las conquistas históricas, tanto teóricas como prácticas, y superar los errores y deficiencias del pasado, en fin, resolver los problemas no resueltos en su momento: aprender las lecciones que nos da la propia historia. Pero ese aprendizaje sólo puede hacerse en la práctica de la lucha de clases de los distintos grupos de afinidad y de las diversas organizaciones del proletariado.

Facilitar el camino a ese aprendizaje es el objetivo de todos y cada uno de mis libros, en los que siempre se intenta dar la voz a los protagonistas de la historia, y respetar el criterio del lector, advirtiéndole siempre cuando se encuentra ante una opinión del autor, señalada en cursivas, que el lector no tiene por qué compartir.

Los libros publicados sobre la guerra civil son Barricadas en Barcelona y Los comités de defensa de la CNT en Barcelona (1933-1938)La revolución de los comités es el primero de una trilogía que lleva por subtítulo “Hambre y violencia en la Barcelona revolucionaria”. Barricadas explica cómo la ideología de unidad antifascista fue la coartada que permitió a los comités superiores el abandono de todos los principios ácratas con el único objetivo de ganar la guerra. El librito sobre Los comités de defensa en Barcelona saca a la luz la preparación por parte de la CNT catalana de un ejército clandestino de la revolución. La revolución de los comités explica exhaustivamente y con una documentación inédita, desconocida, o no trabajada, cómo esos comités de defensa, además de formar las Milicias del frente de Aragón, constituyeron en la ciudad de Barcelona los comités revolucionarios de barrio, que protagonizaron y defendieron una de las revoluciones sociales más profundas de la historia.

En la charla de hoy se explicará el origen de los comités de defensa de la CNT, su transformación en comités revolucionarios, su posterior hibernación en diciembre de 1936, cómo desbordaron a los comités superiores en mayo de 1937, así como su posterior desmantelamiento y su definitiva disolución. Se trata evidentemente de una historia de carácter local, focalizada en la ciudad de Barcelona, que se justifica porque fue el lugar donde mayor desarrollo tuvieron esos comités y donde más lejos llevaron la revolución libertaria.

¿Qué era un Comité de Defensa (CD)?

Los comités de defensa eran la organización militar clandestina de la CNT, financiada por los sindicatos y su acción estaba subordinada a éstos. No eran una organización de la FAI.

En octubre de 1934, el Comité Nacional de los Comités de Defensa abandonó la vieja táctica de los grupos de acción, en favor de una seria y metódica preparación revolucionaria. Elaboró una ponencia en la que se afirmaba esto:

“No hay revolución sin preparación. Hay que acabar con el prejuicio de las improvisaciones. Ese error, de la confianza en el instinto creador de las masas, nos ha costado muy caro. No se procuran, como por generación espontánea, los medios de guerra inexcusables para combatir a un Estado que tiene experiencia, fuerte armamento y mayor capacidad ofensiva y defensiva”.

El grupo de defensa básico, debía ser poco numeroso, para facilitar su clandestinidad y agilidad.  Debía estar formado por seis militantes, con funciones muy específicas:

Un secretario encargado del: contacto con otros cuadros, la creación de nuevos grupos y la elaboración de informes.

Un segundo militante encargado de la investigación de personas, para determinar la peligrosidad de los enemigos: curas, militares, pistoleros del Libre, marxistas y otros.

Un tercero para la investigación de edificios, levantar planos y elaborar estadísticas.

Un cuarto para el estudio de los puntos estratégicos y tácticos de la lucha callejera.

Un quinto militante para el estudio de los servicios públicos: luz, aguas, gas, alcantarillado.

Y un sexto para investigar dónde obtener armas, dinero y alimentos.

A esa cifra ideal de seis, podía sumarse algún miembro más para cubrir tareas “de sumo relieve”. La clandestinidad debía ser absoluta. Eran los núcleos básicos de un ejército revolucionario, capaces de movilizar a grupos secundarios más numerosos, y éstos, a su vez, a todo el pueblo.

Su ámbito de acción era una demarcación muy precisa dentro de cada barrio, señalada sobre plano. En cada barrio se constituía un Comité de Defensa de la barriada, que coordinaba todos esos cuadros de defensa, y que recibía un informe mensual de cada uno de los secretarios de grupo.

La organización de los comités de defensa a escala regional y nacional, encuadraba a aquellos sectores de trabajadores, como ferroviarios, conductores de autocar, trabajadores de teléfonos y telégrafos, carteros y en fin, todos los que por características de su profesión u organización, abarcaban un ámbito nacional, destacando la importancia de las comunicaciones en una insurrección revolucionaria. Se dedicaba un cuidado especial al trabajo de infiltración, propaganda y captación de simpatizantes en los cuarteles.

Las funciones esenciales de los comités de defensa eran dos: armas e intendencia, en el sentido amplio de la palabra.

Los CD podían considerarse como la continuidad, reorganización y extensión de los grupos de acción y autodefensa armada de los años del pistolerismo (1917-1923).

 

 ¿Cómo se pasó de los grupos de acción a los cuadros de defensa?

En enero de 1935 los grupos anarquistas Indomables, Nervio, Nosotros, Tierra Libre y Germen, en el Pleno de la Federación Local de Grupos Anarquista de Barcelona fundaron, el Comité Local de Preparación Revolucionaria.

Frente a un panorama histórico, realmente desolador; el auge del fascismo en Italia, del nazismo en Alemania, del estalinismo en la Unión Soviética, de la depresión económica con un paro masivo y permanente en Estados Unidos y Europa; la ponencia elaborada en ese Pleno, oponía la esperanza del proletariado revolucionario.

Decía la Ponencia: “En la quiebra universal de las ideas, partidos, sistemas, sólo queda en pie el proletariado revolucionario con su programa de reorganización de las bases de trabajo, de la realidad económica y social y de la solidaridad”.

La Ponencia criticaba la vieja táctica de la gimnasia revolucionaria y de la improvisación de las insurrecciones de enero y diciembre de 1933 con estas palabras: “La revolución social no puede ser interpretada como un golpe de audacia, al estilo de los golpes de estado del jacobinismo, sino que será consecuencia y resultado del desenlace de una guerra civil inevitable y de duración imposible de prever”.

Dieciocho meses antes del 19 de Julio del 36, la preparación revolucionaria para una larga guerra civil exigía nuevos desafíos, impensables en la vieja táctica de los grupos de choque. Decía la Ponencia:“Dado que no es posible disponer de antemano de los stocks de armas necesarios para una lucha sostenida, es preciso que el Comité de preparación estudie el modo de transformar en determinadas zonas estratégicas las industrias […], en industrias proveedoras de material de combate para la revolución”.

De los grupos de acción y de choque para la práctica de la gimnasia revolucionaria, anteriores a 1934, se había pasado a la formación de cuadros de información y combate, considerados como células básicas de un ejército revolucionario, capaz de derrotar al ejército y sostener una guerra civil.

 

  ¿Podían los anarquistas tomar el poder?

Durante el primer semestre de 1936 el grupo Nosotros se enfrentó al resto de grupos de la FAI, en Cataluña, en agrios debates sobre dos concepciones fundamentales, en un momento en el que se conocían con certeza los preparativos militares para un cruento golpe de Estado. Esos dos conceptos eran la “toma del poder” y el “ejército revolucionario”.  El pragmatismo del grupo Nosotros, más preocupado por las técnicas insurreccionales que por los tabúes, chocaba frontalmente con los prejuicios ideológicos de otros grupos faistas, esto es, con el rechazo a lo que denominaban “dictadura anarquista” y un profundo antimilitarismo, que lo dejaba todo a la espontaneidad creativa de los trabajadores.

Este duro ataque a las “prácticas anarco-bolcheviques” del grupo Nosotros se expresó ampliamente en la revista Más Lejos, que en su primer número, de abril de 1936, preguntaba: “¿Pueden los anarquistas, en virtud de tales o cuáles circunstancias, y VENCIENDO TODOS LOS ESCRÚPULOS, disponerse a la toma del Poder, en cualquiera de sus formas, como medio de acelerar el ritmo de su marcha hacia la realización de la Anarquía?”

Casi todos respondieron negativamente. Y en ese “todos” estaba desde Federica Montseny hasta Camilo Berneri. Pero ninguna respuesta ofrecía una alternativa práctica a esa negativa generalizada a tomar el poder. Teoría y práctica anarquistas parecían divorciadas, en vísperas del golpe de Estado militar.

En el Pleno de Grupos Anarquistas de Barcelona, reunido en junio de 1936, García Oliver expuso que la organización de los cuadros de defensa, coordinados en comités de defensa de barrio, en la ciudad de Barcelona, eran el modelo a seguir, extendiéndolos a toda España, y coordinando esa estructura a nivel regional y nacional, para constituir un ejército revolucionario del proletariado. Ese ejército debía complementarse con la creación de unidades guerrilleras de cien hombres. Muchos militantes se oponían a las concepciones de García Oliver, confiando más en la espontaneidad de los trabajadores que en la disciplinada organización revolucionaria. Las convicciones antimilitaristas de muchos grupos de afinidad, produjeron un rechazo casi unánime de las tesis del grupo Nosotros, y muy especialmente de García Oliver.  [Como anécdota podemos recordar que en el Congreso de Zaragoza, en mayo del 36, Cipriano Mera había preguntado a García Oliver de qué color quería los entorchados, y pocos meses después fue Mera quien llevó galones].

 

¿Cómo se transformaron esos Comités de Defensa en Milicias Populares y comités revolucionarios de barrio?

El 19 de julio de 1936, la guarnición militar de Barcelona contaba con unos seis mil hombres, frente a los casi dos mil de la guardia de asalto y los doscientos “mossos d´esquadra”. La guardia civil, que nadie sabía con certeza por el lado que se decantaría, contaba con unos tres mil. La CNT-FAI disponía de unos veinte mil militantes, organizados en comités de defensa de barriada, dispuestos a empuñar las armas. Se comprometía, en la comisión de enlace de la CNT con la Generalidad y los militares leales, a parar a los golpistas con sólo mil militantes armados.

Hubo una doble TRANSFORMACIÓN de esos cuadros de defensa. La de las Milicias Populares, que definieron en los primeros días el frente de Aragón, instaurando la colectivización de las tierras en los pueblos aragoneses liberados; y la de los comités revolucionarios que, en cada barrio de Barcelona, y en muchos pueblos de Cataluña, impusieron una “nueva situación revolucionaria”.

El auténtico poder de ejecución y resolución estaba en la calle, era el poder del proletariado en armas, y lo ejercían los comités locales, de defensa y de control obrero, expropiando espontáneamente fábricas, talleres, edificios y propiedades; organizando, armando y transportando al frente los grupos de milicianos voluntarios que previamente habían reclutado; quemando iglesias o convirtiéndolas en escuelas o almacenes; formando patrullas para extender la guerra social; guardando las barricadasahora  fronteras de clase, que controlaban el paso y manifestaban el poder de los comités; poniendo en marcha las fábricas, sin amos ni directivos, o reconvirtiéndolas para la producción bélica; requisando coches y camiones, o alimentos para el comité de abastos; recaudando impuestos revolucionarios y financiando pobras públicas para paliar el paro; sustituyendo a los caducos ayuntamientos republicanos, imponiendo en cada localidad su absoluta autoridad en todos los dominios, sin atender órdenes de la Generalidad, ni del Comité Central de Milicias Antifascistas (CCMA). La situación revolucionaria se caracterizaba por una atomización del poder.

En Barcelona los comités de defensa, transformados en comités revolucionarios de barrio, en ausencia de consignas de cualquier organización y sin más coordinación que las iniciativas revolucionarias que cada momento demandaba, organizaron los hospitales, desbordados por la avalancha de heridos, constituyeron comedores populares, requisaron coches, camiones, armamento, fábricas y edificios, registraron  domicilios privados, detuvieron sospechosos y crearon una red de Comités de abastos en cada barrio, que se coordinaron en un Comité Central de Abastos de la ciudad, en el que adquirió notable presencia el Sindicato de Alimentación. El contagio revolucionario afectaba a todos los sectores sociales y a todas las organizaciones, que se decantaban sinceramente a favor de la nueva situación revolucionaria. Esa era la única fuerza real del CCMA, que aparecía ante el pueblo en armas como el organismo antifascista que debía dirigir la guerra e imponer un nuevo orden revolucionario.

El 21 de julio, un Pleno de Locales y Comarcales había renunciado a la toma del poder, entendida como  dictadura de los líderes anarquistas, y no como imposición, coordinación y extensión del poder que los comités revolucionarios ya ejercían en la calle. Se decidió crear un CCMA, ORGANISMO DE COLABORACIÓN DE CLASES en el que participaban todas las organizaciones antifascistas.

El 24 habían partido las dos primeras columnas anarquistas, al mando de Durruti y Ortiz. Durruti hizo un discurso por radio en el que alertaba sobre la necesidad de estar vigilantes ante una posible intentona contrarrevolucionaria. Había que congelar la situación revolucionaria en Barcelona, para “ir a por el todo” después de tomar Zaragoza.

El Pleno Regional del día 26 confirmó, por unanimidad, que la CNT seguiría manteniendo la misma posición, aprobada ya el 21 de juliode participar en ese nuevo organismo de colaboración de clases llamado CCMA. Ese mismo pleno del día 26 creó una Comisión de Abastos, dependiente del CCMA, a la que debían someterse los distintos comités de abastos surgidos por doquier, y ordenaba al mismo tiempo un fin parcial de la huelga general. El resumen de los principales acuerdos alcanzados en este Pleno se editó en forma de Bando, para su general conocimiento y acatamiento.

El CC de Abastos era una institución fundamental, que aseguraba un requisito indispensable para unos obreros voluntarios que abandonaban sus puestos de trabajo para ir a combatir al fascismo en Aragón: asegurar en su ausencia la alimentación de unos familiares que dejarían de percibir el semanal del que vivían.

 

 ¿Qué fueron las Patrullas de Control?

Entre el 19 de julio y mediados de agosto de 1936 se crearon las patrullas de control como policía revolucionaria dependiente del CCMA.

Sólo la mitad aproximada de los patrulleros tenía carné de la CNT, o eran de la FAI; la otra mitad estaba afiliada al resto de organizaciones componentes del CCMA: POUM, Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y PSUC, fundamentalmente. Sólo cuatro delegados de sección, sobre los once existentes, eran de la CNT: los de Pueblo Nuevo, Sants, San Andrés (Armonía) y Clot; otros cuatro eran de ERC, tres del PSUC y ninguno del POUM.

Las Patrullas de Control dependían del Comité de Investigación del CCMA, dirigido por Aurelio Fernández (FAI) y Salvador González (PSUC). Su sección Central estaba en el número 617 de la Gran Vía, dirigida por los dos delegados de Patrullas, esto es, José Asens (FAI) y Tomás Fábregas (Acció Catalana). La nómina de los patrulleros, de 10 pesetas diarias, era abonada por el gobierno de la Generalidad. Aunque en todas las secciones se hacían detenciones, y algunos detenidos eran interrogados en la antigua Casa Cambó, la prisión central estaba en el antiguo convento de monjas clarisas de San Elías.

 

La Hibernación de los comités de defensa en diciembre de 1936 y su reorganización en marzo de 1937

De finales de noviembre a primeros de diciembre de 1936, la Federación Local de Sindicatos únicos de Barcelona debatió el papel que debían asumir los comités de defensa en Barcelona.

La Federación Local impuso una visión estrictamente sindical, que no veía con buenos ojos la importancia adquirida, en los barrios, por los comités de defensa y los comités de abastos. Consideraban que sus funciones, superada la insurrección revolucionaria y su posterior etapa, de carácter excepcional, eran provisionales y, en todo caso, debían ser asumidas, ya, por los sindicatos.

En noviembre/diciembre de 1936, los comités de defensa eran un estorbo para la política gubernamentalista de los comités superiores cenetistas; y se imponía, por lo tanto, su hibernación y sumisión a los sindicatos, como meros anexos armados, un tanto molestos e inútiles. Si ya estaban las Patrullas de Control, con preponderancia cenetista, ¿para qué seguir sosteniendo financieramente los CD?

El problema fundamental, era la desobediencia generalizada a las consignas de desarme, de modo que el CR constató, según sus propias palabras, que “las barriadas las tenemos como nuestros peores enemigos”. Los comités de defensa entraron en un período de hibernación.

En el frágil equilibrio político y armado, existente en la primavera de 1937 en la retaguardia barcelonesa, el incremento y amenaza de las fuerzas represivas burguesas tendía claramente al monopolio de la violencia. El decreto de la Generalidad del 4 de marzo de 1937 ordenaba la pronta disolución de las Patrullas de Control, al tiempo que creaba un Cuerpo único de Seguridad (formado por la Guardia civil y la Guardia de Asalto). Ante esto, los sindicatos decidieron  reorganizar los comités de defensa, en los barrios, para preparar un enfrentamiento que les parecía, ya, inevitable.

 

La “guerra del pan” de Comorera contra los comités de barrio.

El 20 de diciembre de 1936, Joan Comorera (PSUC), consejero de Abastos, pronunció un importante discurso, en catalán, en la sala del Gran Price de Barcelona

Comorera argumentó la necesidad de un gobierno fuerte, de plenos poderes, capaz de hacer cumplir unos decretos que no se quedasen siempre en papel mojado, como había sucedido con el primer gobierno Tarradellas, en el que participó Nin por el POUM. Un gobierno fuerte, capaz de llevar a cabo una política militar eficiente, que agrupara todas las fuerzas existentes en el frente.

Comorera atribuía, la carencia y el encarecimiento de alimentos a la existencia de los comités de defensa, no al acaparamiento y especulación de los mayoristas y tenderos. Era el discurso que justificaba y explicaba el eslogan de las pancartas y octavillas de las manifestaciones de mujeres de fines del año 1936 y comienzos de 1937: “más pan y menos comités”, promovidas y manipuladas por el PSUC. Era evidente el enfrentamiento entre dos políticas de Abastos opuestas, la del PSUC y la del Sindicato de Alimentación de la CNT. El Sindicato de Alimentación, a través de los trece almacenes de abastos de las barriadas, custodiados por los comités revolucionarios de barrio, suministraba gratuitamente alimentos a los comedores populares, donde podían acudir los parados y sus familiares, y sostenían además centros de atención a los refugiados que, en abril de 1937, en Barcelona, ascendían ya a 220.000 personas. Era una red de abastos que rivalizaba con los detallistas, que sólo obedecían a la ley de la oferta y la demanda, y que intentaba, sobre todo, evitar el encarecimiento de los productos, ya que el alza de precios los hacía inasequibles a los trabajadores, y, por supuesto, a parados y refugiados. El mercado negro era el gran negocio de los detallistas, que realizaban excelentes ganancias gracias al hambre (literalmente) de la mayoría. La guerra del pan de Comorera contra los comités de abastos de las barriadas, no tenía otro objetivo que el de arrebatar a los comités de defensa cualquier parcela de poder, aunque esa guerra implicase el desabastecimiento de Barcelona y la penuria alimenticia.

Comorera finalizó su discurso con un llamamiento a la responsabilidad de todas las organizaciones, en aras a conseguir una férrea unidad antifascista. Para comprender el discurso de Comorera es necesario tener en cuenta la estrategia, propugnada por Gerö, de efectuar una política SELECTIVAfrente al movimiento anarquista, que consistía en integrar a los dirigentes en el aparato de Estado, al mismo tiempo que se practicaba una bestial represión de los sectores revolucionarios, calificados infamantemente como incontrolados, gángsteres, asesinos, agentes provocadores e irresponsables;que Comorera identificaba muy claramente en los comités de defensa.

Los almacenes de abastos de los comités de barrio controlaban qué, cómo, cuánto y a qué precio de venta al público se aprovisionaba a los detallistas, una vez satisfechas las necesidades “revolucionarias” del barrio, esto es, de enfermos, niños, parados, comedores populares, etcétera. Comorera propugnaba la desaparición de esos comités revolucionarios de barrio y el libre mercado. Sabía, además, que una cosa implicaba la otra, y que, sin la supresión de los comités de defensa, el libre mercado sería una quimera.

Un abastecimiento racional, previsor y suficiente de Barcelona, y Cataluña, hubiera supuesto ceder a las pretensiones del Consejero de Economía cenetista, Fábregas, que de octubre a diciembre de 1936 batalló inútilmente, en las reuniones del Consejo de la Generalidad, por conseguir el monopolio del comercio exterior, ante la oposición del resto de fuerzas políticas. Mientras tanto, en el mercado de cereales de París, diez o doce mayoristas privados competían entre sí, encareciendo las compras. Pero ese monopolio del comercio exterior, que ni siquiera era una medida de carácter revolucionario, sino sólo apropiada a una situación bélica de emergencia, atentaba contra la filosofía del libre mercado, propugnada por Comorera.

Había un hilo que relacionaba las colas del pan en Barcelona con la irracional competencia de los mayoristas en el mercado de cereales de París. Hilo que se hubiera roto con el monopolio del comercio exterior. Con la política de libre mercado de Comorera se consolidó. Pero además el PSUC alentó la especulación de los tenderos, que implantaron una auténtica dictadura sobre el precio de todos los alimentos, enriqueciéndose con el hambre de los trabajadores.

 

 ¿Cómo y por qué esos Comités de Defensa se radicalizaron en abril del 37?

El domingo, 11 de abril, en el mitin de la plaza de toros La Monumental, se vieron pancartas que exigían la libertad de Maroto y de los numerosos presos antifascistas, en su mayoría cenetistas. Federica Montseny fue abucheada y silbada. Los gritos favorables a la libertad de los presos arreciaron, una y otra vez. Los comités superiores culpabilizaron del “sabotaje” a la Agrupación de Los Amigos de Durruti. Federica, muy molesta, amenazó con no volver a dar un mitin en Barcelona.

El lunes, 12 de abril de 1937, se desarrolló, en la Casa CNT-FAI, una sesión del pleno local de Grupos Anarquistas de Barcelona, con asistencia de los grupos de Defensa confederal y de las Juventudes libertarias que acordó retirar a todos los cenetistas de cualquier cargo en los estamentos antifascistas gubernativos, ir a la formación de un Comité revolucionario para la coordinación de la lucha armada y socializar inmediatamente la industria, el comercio y la agricultura.

Esta reunión se le había escapado de las manos a la burocracia. En ese Pleno habían intervenido los Comités de Defensa de Barcelona, o lo que es lo mismo, la delegación de los comités revolucionarios de barriada, y también las Juventudes Libertarias, radicalizando, sin duda, los acuerdos tomados.

Y esa FAI de Barcelona, junto a las secciones de defensa de los comités revolucionarios de barrio y las Juventudes Libertarias, pese al escándalo y la histérica oposición de algunos burócratas presentes, como Toryho, había decidido terminar con el colaboracionismo, retirar a los consejeros (ministros) anarquistas del gobierno de la Generalidad y constituir un Comité revolucionario que dirigiese la guerra contra el fascismo. Era un paso decisivo hacia la insurrección revolucionaria, que estalló el 3 de mayo.

Esta radicalización era fruto de una situación cada vez más insostenible en la calle. El 14 de abril, una manifestación de mujeres, que esta vez no estaban manipuladas por el PSUC, partió de La Torrassa para recorrer los distintos mercados de Collblanc, Sants y Hostafrancs, protestando por el precio del pan y de los productos alimenticios. Las manifestaciones y protestas se extendieron a casi todos los mercados de la ciudad. En días posteriores se reprodujeron, con menor virulencia, tumultos y manifestaciones en diverso mercados. Algunas tiendas y panaderías fueron asaltadas. El hambre de los barrios obreros de Barcelona había salido a la calle para manifestar su indignación y exigir soluciones.

 

 ¿Qué papel jugaron los Comités de Defensa en mayo de 1937?

El lunes, 3 de mayo de 1937, hacia las tres menos cuarto de la tarde, tres camiones de guardias de asalto, fuertemente armados, se detuvieron ante la sede de la Telefónica en la plaza de Cataluña. Estaban dirigidos por Eusebio Rodríguez Salas, militante de la UGT y estalinista convencido, responsable oficial de la comisaría de orden público. El edificio de Telefónica había sido incautado por la CNT desde el 19 de julio. La supervisión de las comunicaciones telefónicas, la vigilancia de las fronteras y las patrullas de control eran el caballo de batalla, que desde enero había provocado diversos incidentes entre el gobierno republicano de la Generalidad y la CNT.

Rodríguez Salas pretendió tomar posesión del edificio de la Telefónica. Los militantes cenetistas de los pisos inferiores, tomados por sorpresa, se dejaron desarmar; pero en los pisos superiores se organizó una dura resistencia, gracias a una ametralladora instalada estratégicamente. La noticia se propagó rápidamente. EN MENOS DE DOS HORAS se levantaron barricadas en toda la ciudad. No debe hablarse de una reacción espontánea de la clase obrera barcelonesa, porque la huelga general, los enfrentamientos armados con las fuerzas de policía y las barricadas fueron fruto de la iniciativa tomada por los comités de defensa, rápidamente secundada gracias a la existencia de un enorme descontento generalizado, las crecientes dificultades económicas en la vida cotidiana causadas por la carestía de vida, las colas y el racionamiento, así como a la tensión existente en la base militante confederal entre colaboracionistas y revolucionarios. La lucha callejera fue impulsada y realizada desde los comités de defensa de los barrios, SIN QUE MEDIARA ORDEN ALGUNA DE LOS COMITÉS SUPERIORES, que habían sido desbordados.

 

Andrés Nin, secretario político del POUM, en un artículo escrito el 19 de mayo de 1937, lo describió así: “Las jornadas de mayo en Barcelona han hecho revivir ciertos organismos que, durante estos últimos meses, habían jugado un cierto papel en la capital catalana y en algunas localidades importantes: los Comités de Defensa. Se trata de organismos principalmente de tipo técnico-militar, formados por los sindicatos de la CNT. Son éstos, en realidad, quienes han dirigido la lucha, y quienes constituían, en cada barrio, el centro de atracción y organización de los obreros revolucionarios”.

 

Los Amigos de Durruti no iniciaron la insurrección, pero fueron los combatientes más activos en las barricadas, repartieron una octavilla que exigía la sustitución del Gobierno de la Generalidad por una Junta Revolucionaria.

Los trabajadores confederales, desorientados por el llamamiento de sus dirigentes ¡los mismos del 19 de julio! optaron, al fin, por abandonar la lucha, aunque al principio se habían burlado de los llamamientos de la dirección de la CNT a la concordia y al abandono de la lucha, en aras de la unidad antifascista.

 

 ¿Cómo se disolvieron los Comités de Defensa?

Los comités revolucionarios de barrio, en Barcelona, surgieron el 19-20 de julio y duraron, como mínimo hasta el 7 de junio, cuando las restauradas fuerzas de orden público de la Generalidad disolvieron y ocuparon los distintos centros de las Patrullas de Control, y de paso algunas sedes de los comités de defensa, como la del barrio de Les Corts. Pese al decreto que exigía la desaparición de todos los grupos armados, la mayoría resistió hasta septiembre de 1937, cuando fueron sistemáticamente disueltos y asaltados, uno a uno, los edificios que ocupaban. La última en ser ocupada, y la más importante y fuerte, fue la sede del comité de defensa del Centro, sita en Los Escolapios de San Antonio, que fue tomada al asalto el 20 de septiembre de 1937 por fuerzas de orden público, que utilizaron todo un arsenal de ametralladoras, tanques y bombas de mano. Sin embargo, la resistencia de Los Escolapios no cedió al fuego de las armas, sino a las órdenes de desalojo, dadas por el Comité Regional, asesorado por la Comisión Asesora Política (CAP), dirigida por García Oliver.

A partir de entonces los CD se ocultaron bajo el nombre de Secciones de coordinación e información de la CNT, dedicados exclusivamente a tareas clandestinas de investigación e informativas, como antes del 19 de Julio; pero ahora (1938) en una situación netamente contrarrevolucionaria.

Sin embargo, aún fueron lo bastante fuertes y combativos como para publicar un órgano clandestino, titulado Alerta…! del que editaron siete números entre octubre y diciembre de 1937. El número 1 salió el 23 de octubre de 1937. Las constantes de este periódico fueron la solidaridad con los “presos revolucionarios”, exigiendo su liberación y denunciando la gestión y los abusos en la Cárcel Modelo; la crítica del colaboracionismo y de la politización de la FAI; la denuncia de la desastrosa política de guerra del gobierno Negrín-Prieto y del predominio estalinista en el ejército y el Estado. Lanzó saludos de confraternización con las Juventudes Libertarias y la Agrupación de Los Amigos de Durruti. Una característica indeleble de la publicación fueron sus constantes llamadas a “hacer la revolución” y al abandono de todos los cargos por parte de los comités superiores: “Que la Revolución no puede hacerse DESDE EL ESTADO, sino CONTRA EL ESTADO”. El último núm. del 4-12-1937, denunció las checas estalinistas y la brutal persecución de los cenetistas en la Cerdaña.

En 1938, los CD, al igual que todos los revolucionarios estaban ya bajo tierra, en la cárcel o en la clandestinidad más absoluta. No fue la dictadura de Franco, sino la República de Negrín quien acabó con la Revolución.

 

CONCLUSIONES

1.- En julio de 1936, la cuestión esencial no era la toma del poder (por una minoría de dirigentes anarquistas), sino la de coordinar, impulsar y profundizar la destrucción del Estado por los comités.

Los comités revolucionarios de barriada (y algunos de los comités locales) no hacían o dejaban de hacer la revolución: eran la revolución social.

La destrucción del Estado por los comités revolucionarios era una tarea muy concreta y real, en la que esos comités asumían todas las tareas que el Estado desempeñaba antes de julio de 1936.  Y ESA ES LA GRAN LECCIÓN DE LA REVOLUCIÓN DEL 36: LA NECESIDAD DE DESTRUIR EL ESTADO-

2.- Durante la guerra civil, el proyecto político del anarquismo de Estado, constituido como un partido antifascista más, utilizando métodos de colaboración de clases y de participación gubernamental, organizado burocráticamente con el objetivo principal de ganar la guerra al fascismo, fracasó estrepitosamente en todos los terrenos; pero el movimiento social del anarquismo revolucionario, organizado en comités revolucionarios de barrio, locales, de control obrero, de defensa, etcétera, constituyó los embriones de un poder obrero que alcanzó cotas de gestión económica, de iniciativas populares revolucionarias y de autonomía proletaria, que aún hoy iluminan y anuncian un futuro radicalmente diferente a la barbarie capitalista, el horror fascista o la esclavitud estalinista.

Y aunque ese anarquismo revolucionario sucumbió finalmente a la represión coordinada y cómplice del Estado, de la burguesía, de los estalinistas y de los comités superiores, nos legó el ejemplo, la reflexión y el combate de algunas minorías, como Los Amigos de Durruti, las JJLL de Cataluña y determinados grupos anarquistas de la Federación Local de Barcelona, que nos permiten teorizar hoy sus experiencias, aprender de sus errores y reivindicar su lucha y su historia.